
Si la sucesión lógica de plataformas y diseños es algo que a todos nos afecta en mayor o menor medida durante la vida de una marca automovilística, no lo es menos la evolución de sus motorizaciones, que, aunque suele ser más larga (exceptuando ejemplos como el motor Energy de Renault, sin ir más lejos, el archiconocido 1.4 de inyección), también lleva implícita un adelanto en tecnologías y en prestaciones.
A grandes rasgos, Renault evolucionó sus motores desde aquéllos legendarios de la serie 800 y 700 de los Renault 4 de los 60 y 5 de los 70 (incluído el 810-25E montado en el R5 Gordini y Copa), hasta los más evolucionados C1 y C2 (montados en los 80 en todos sus modelos de gasolina), y luego, ya más entrados los 90, sus series F (F3N, F2N...). En cuanto a los diésel, Renault introdujo su motor F8 para vehículos turismos en los años ochenta (estrenado en el R18), y las sucesivas versiones son básicamente el mismo motor ligeramente actualizado. Tal es así que aún a día de hoy la variante F9 (F9Q) aún se continúa utilizando.