3 ene. 2015

¿Se sustenta el mercado del automóvil en España artificialmente?

El automóvil en España es uno de los sectores que más depende del Estado. ¿Hasta qué punto eso es algo admisible?


El año que acabamos de dejar atrás se ha cerrado con unas cifras de ventas de coches impresionantes, las cuales, si se miran fría y superficialmente, nos pueden incluso llegar a sugerir que hemos dejado la crisis atrás. Pero eso es solo una impresión ya que, por desgracia, no hay nada de realidad en ello.

Cierto es que se venden más coches que hace solo tres o cuatro años, muchísimos más, pero ¿a qué es debido todo ello, a la recuperación económica, al aumento del poder adquisitivo de la población, o es que esas cifras son un tanto engañosas?




La realidad -dura realidad- es que las ventas de coches sólo han mejorado cuando, tras las protestas incansables de un sector que languidecía (el de los concesionarios y compra-venta),el Gobierno se puso a subvencionar Plan tras Plan la compra de automóviles. De hecho el sector del motor en España es uno de los más subvencionados del mundo, lo cual es un enorme riesgo. Es pan para hoy, pero hambre para mañana. Confiando en que las cosas "vayan a mejor", el Gobierno del PP se ha puesto a apoyar la compra de todo lo que se mueve con ruedas (excepto las motos): coches comunes, coches eléctricos e híbridos, comerciales e incluso camiones y autobuses disponen todos ellos de más o menos cuantiosas subvenciones públicas. Pero ¿y si las cosas no mejoran mañana? ¿Hasta cuándo se podría seguir así?

Cierto que el sector del automóvil es uno de los más importantes y pujantes de nuestros país, pero también es uno de los más amenazados. Ningún otro sector depende tanto de ayudas públicas. Es llamativo -e incluso indignante en ciertos casos- que el dinero público vaya a manos de alguien que quiere cambiar de coche, y sin embargo alguien que viva en la miseria y tenga una vivienda a punto de caerle encima no pueda acceder a ayudas similares.

Dicho de otra forma: si te encuentras viviendo en una "inhabitable" casa, unos inspectores te pueden llegar, ponerte una denuncia y quitarte la cédula de habitabilidad, incluso pueden hacer que no tengas accesos a servicios básicos como el agua y la luz. Sin embargo si tienes un coche al que se le caen las ruedas, puedes adquirir otro nuevo con ayuda del dinero público. Aunque estemos en un blog del motor y no sea políticamente correcto decirlo, ¿no es algo hilarante?

Un mercado sostenido artificialmente por los impuestos es un mercado que va a la bancarrota tarde o temprano. Si el sector del automóvil no puede competir por sí mismo -por lo que sea- con el mismo sector de otros países, ¿por qué no se le reestructura, como tuvo que pasarle a muchas otras industrias como el metal, el carbón o los astilleros?

El otro grave problema que trae consigo el sostenimiento de un mercado tan artificialmente sostenido es el de la presión social. Gracias a su peso en la economía, muchas marcas de poderosos grupos industriales que fabrican sus productos en nuestro país se sienten "con patente de corso" para, en cuanto necesiten inyecciones de dinero, amenazar con cierres y despidos. Tal es así que determinadas fábricas de coches -no daré nombres, pero más o menos todos tenemos una idea de quiénes son- solamente están en nuestro país por la subvención de capital que les llega del Estado.

Con la excusa de que no somos competitivos, de que tenemos los salarios altos o la mano de obra muy cara -lo cual, ninguna de esas cosas, es verdad, por ejemplo: son más caros en Alemania-, amenazan con irse a sitios asiáticos o a países de Europa del Este.

El problema es que con la llegada del euro el gobierno de turno (o los gobiernos) han perdido el poder para manejar el mercado. Tal vez debería alguien pensar en empezar a cambiar las reglas del juego y no brindarles tanto poder y libertad a esas multinacionales. Porque a fin de cuentas ellas abren sus filiales aquí y se les recibe con los brazos abiertos y beneficios fiscales, y sin embargo cualquier español que quiera hacer lo mismo y decida hacerse, por ejemplo, autónomo para sacar adelante su propia empresa, desde el primer instante le crujen a impuestos, burocracia e impedimentos múltiples. Algo extraño pasa cuando tenemos este tipo de situaciones, y alguien -o algunos políticos- no están haciendo bien sus deberes.

| Redacción: Scott Hebrón para Revista Coche | Alcance: España