4,9 litros a los cien a 90 km/h, 470 litros de maletero y un equipamiento que no se anda con pequeñeces. Probamos el diésel atmosférico de la berlina más equilibrada de Sochaux.
Hay coches que se compran con la cabeza y otros con el corazón. El Peugeot 405 GRD es, sin duda, de los primeros, aunque tiene la virtud de no hacérselo notar. Lo recogimos una mañana de otoño en Sochaux, con el depósito de 70 litros lleno y la autonomía como única promesa, y desde las primeras vueltas entendimos que aquí había una berlina pensada para hacer muchos kilómetros sin dar ningún problema. No es lo más emocionante del mundo. Es lo más tranquilizador.
Línea sobria, equipamiento generoso
Con 4,41 metros de largo y 1,69 de ancho, el 405 presenta unas líneas limpias y equilibradas, con una distancia entre ejes de 2,67 metros que se traduce en un interior muy amplio. Cinco plazas con espacio de sobra, y un maletero de 470 litros que figura entre los mayores de su clase.
El equipamiento de serie es notable: tapicería de velour, consola central larga con reposabrazos, elevalunas eléctricos delanteros, cierre centralizado eléctrico que incluye el maletero y la tapa del depósito, cuentavueltas electrónico, limpiaparabrisas intermitente y alarma sonora de luces encendidas.
Un diésel de 71 CV
Bajo el capó trabaja un cuatro cilindros diésel de 1.905 cc con inyección indirecta que entrega 71 CV a 4.600 rpm y un par de 12,5 mkg a 2.000 rpm. No pretende deslumbrar, pero sí empujar con soltura desde bajas vueltas, y lo consigue con una elasticidad notable. Nuestras mediciones coinciden con las del fabricante: una velocidad máxima de 164 km/h y 18,1 segundos de 0 a 100 km/h. El cambio de cinco marchas es suave y bien escalonado. Con 1.080 kilos en orden de marcha, el motor se esfuerza, pero cumple.
Un chasis de primera
Lo mejor del 405 es, y siempre lo ha sido, su comportamiento. Con una suspensión independiente en las cuatro ruedas, con muelles helicoidales y barra estabilizadora delante, y brazos tirados con barras de torsión y barra estabilizadora detrás, el coche se mantiene plano en curva y estable a ritmos altos.
La dirección asistida, de cremallera, es precisa y comunicativa, con un radio de giro de 5,50 metros. Los frenos, con doble circuito asistido, discos ventilados delante y tambores detrás, son contundentes y dosificables. Los neumáticos de 175/70 R14 completan un conjunto equilibrado.
Consumos de asombro
La gran baza del GRD está en el surtidor. Los consumos medidos por la UTAC son de 4,9 litros a 90 km/h, 6,9 litros a 120 km/h y 7,1 litros en recorrido urbano, cifras que, con un depósito de 70 litros, se traducen en una autonomía de más de 1.000 kilómetros a ritmo tranquilo. Para quien hace muchos kilómetros al año, el diésel es una apuesta que se paga sola.
Lo que nos gustó y lo que no
Nos conquistaron su comportamiento, su habitabilidad, su maletero y un consumo que invita a viajar sin mirar el reloj. Menos convincentes nos parecieron el ruido del motor, sobre todo en frío, y unas prestaciones justas en adelantamientos, que exigen planificar con tiempo. Es una berlina para quien prefiere la calma a la emoción.
Ficha técnica
· Peugeot 405 GRD
Motor: Diésel, 4 cil., 1.905 cc
Potencia: 71 CV DIN (51 kW CEE) a 4.600 rpm
Par máximo: 12,5 mkg a 2.000 rpm
Cambio: Manual, 5 velocidades
Longitud / anchura / altura: 4,408 / 1,694 / 1,410 m
Distancia entre ejes: 2,669 m
Peso en orden de marcha: 1.080 kg
Maletero / depósito: 470 l / 70 l
Velocidad máxima: 164 km/h
0-100 km/h / 1.000 m: 18,1 s / 38,4 s
Consumo 90 / 120 / urbano: 4,9 / 6,9 / 7,1 l/100 km
Calificación
Comportamiento 9
Habitabilidad 8,8
Consumo 9
Equipamiento 8
Prestaciones 4,5
Insonorización 5
Veredicto
El 405 GRD no es la berlina más rápida ni la más silenciosa, pero sí una de las más completas y económicas. Combina un chasis ejemplar, un interior espacioso, un equipamiento generoso y un consumo que permite cruzar el continente sin parar a repostar. Si usted hace muchos kilómetros y quiere hacerlos con tranquilidad, este Peugeot es un compañero de viaje difícil de superar.