25 años del desgraciado accidente de Jesús Saiz


Hoy se cumplen 25 años de la muerte de Jesús Saiz. El joven piloto cántabro falleció a los 26 años la madrugada del siete de febrero de 1989 en las inmediaciones de la localidad gerundense de Fornells de la Selva, cuando regresaba de probar el coche con el que, al día siguiente, iba a debutar como piloto oficial de Peugeot Talbot España en el Rallye Costa Brava.

"El 205 GTI que con el que íbamos a participar en aquel primer rallye del año acababa de llegar de Madrid y decidimos salir a probarlo para confirmar que todo estaba en orden antes de las verificaciones del día siguiente", recuerda el que fuera su copiloto en aquellos tiempos, Javier Robledano. "Hicimos un par de tramos y todo fue perfecto. Terminadas la pruebas, Jesús quiso que nuestro jefe de mecánicos, Pedro Cascales, regresara con él para comentar algunos detalles del coche y yo me subí con los mecánicos en una de las furgonetas de asistencia. Desgraciadamente, ya muy cerca del hotel, en un camino de acceso, tuvieron un accidente y el coche volcó. Pedro sufrió un fuerte golpe en la cabeza y Jesús salió despedido, falleciendo en el acto".



Jesús Saiz descubrió el mundo de los rallyes en las pruebas locales de su Cantabria natal, pero muy pronto decidió dar el salto a la escena nacional, participando en la Copa Seat Panda. Tras correr dos de las pruebas puntuables de 1983, Jesús se impuso al primer intento en 1984, convirtiéndose en el último de los cuatro vencedores del certamen monomarca del fabricante español, tras Carlos Sainz, Roland Holke y Juan Collín.

Al año siguiente, se inscribió en la Copa Opel Corsa, uno de los campeonatos promocionales más competidos del momento. Tras dos campañas en las que la falta de presupuesto le impidió luchar realmente por las primeras posiciones, todo hacía pensar que su oportunidad llegaría en la edición de 1987, en la que partía como uno de los principales aspirantes al título. Sin embargo, un incidente durante los entrenamientos del Rallye Playa de Aro, la primera prueba del campeonato, se saldó con un pie roto y algunas otras lesiones menores que le dejaron fuera de juego durante buena parte de la temporada.

El piloto cántabro regresó a la competición seis meses después en el Rallye Príncipe de Asturias, pero para entonces ya había sustituido su Opel Corsa por un Peugeot 205 GTI, el coche con el que abordó el final del Nacional de Rallyes 87 para preparar su próximo reto: el Desafío Peugeot de 1988.


Junto a Javier Robledano, su inseparable copiloto desde aquel Rallye San Agustín de 1986 en el que juntos sorprendieron a todos al finalizar segundos absolutos a espaldas del Lancia 037 Rally de Cardín, Saiz completó una campaña impecable en la copa de la marca del león. Terminó sexto en el campeonato de España y se proclamó subcampeón nacional de grupo N pero, sobre todo, se impuso con autoridad en el campeonato promocional de Peugeot, asegurándose con ello un coche oficial de la marca para el año siguiente.

Los planes iniciales lo situaban como segundo piloto del equipo, junto a Borja Moratal. Pero la marcha del madrleño a Opel convirtió automáticamente a Jesús en el jefe de filas de la formación francesa. Era la oportunidad que estaba esperando. El equipo comenzó entonces la preparación de un 309 GTI grupo A para abordar la campaña 89 con las máximas garantías, aunque como no estuvo listo para la primera carrera, se decidió afrontar aquel Rallye Costa Brava que abría el campeonato con el 205 GTI que Moratal había utilizado del año anterior.


Desgraciadamente, aquel accidente sufrido en Fornells de la Selva impidió a Jesús Saiz ver cumplido su sueño de debutar como piloto oficial y truncó una prometedora carrera deportiva, pero la especial personalidad de cántabro y su carisma continúan hoy muy presentes 25 años después, entre todos cuantos tuvieron ocasión de conocerle.

Javier Robledano (copiloto de Jesús Saiz): "Conocí a Chus una tarde en el taller de Julián Piedrafita, montando a última hora el motor de su Corsa para participar en uno de los rallyes de la Copa de 1986. Meses más tarde me llamó para correr con él el Rallye San Agustín. ¡Terminamos segundos! Y allí nació una unión inquebrantable. Jesús tenía algo que te atrapaba, una forma especial de entender la vida, una fuerza vital espectacular... Muchos lo señalaban entonces como el piloto con más futuro del momento, pero lo realmente increíble era su pasión por las carreras, su ansia infinita de aprender, de saberlo todo del coche. Trabajó y vivió para llegar a ser piloto oficial. Y lo consiguió, aunque el destino le tenía reservado otros campeonatos. Yo me quedo con ese algo especial que tenía, con su personalidad, con sus ganas de luchar para conseguir sus sueños. Creo que a todos los que lo conocimos nos hizo más fuertes y mejores. Es imposible olvidarse de él".


Carlos del Barrio (copiloto mundialista): "Compartí con Jesús muchos momentos de la temporada 1988, la primera mía completa. Le recuerdo como un tío al que nadie le había regalado nada. Junto a Javier, fue pionero de un sistema de notas revolucionario, ya que, debido a sus limitaciones de tiempo y presupuesto, él sólo entrenaba el fin de semana anterior con un coche prestado, en una época en que lo normal era contar con muletos, los entrenos eran absolutamente libres y los rallyes, mucho más largos. Con sólo 2 ó 3 pasadas de reconocimientos, lo bordaba. Tuve el privilegio de entrenar con él un rallye en Cantabria y anotaba perfecto, con especial hincapié en la posición del coche en el vértice y a la salida de cada viraje. Pero el mayor y mejor recuerdo que tengo de Jesús era su arrolladora personalidad, su carisma. Era muy buena gente y su desaparición es una de las cosas más injustas que yo he vivido en esto de los rallys. Realmente, todos los que tuvimos la suerte de compartir tiempo con él, nunca hemos llegado a asumir que ya no está".

Borja Moratal (expiloto oficial de Peugeot Talbot España y Opel España): Parece mentira, pero han pasado 25 años desde aquel fatídico día. Y a pesar del tiempo transcurrido todavía recuerdo la imagen del aquel chaval joven y espigado que era Jesús. Había ganado el Desafío Peugeot y tenía por delante un futuro esperanzador. Y digo esperanzador, porque para poder ser algo en la competición no solo tienes que ser bueno; también has de llegar en el momento oportuno al sitio adecuado. ¿Por qué digo esto? Porque yo había estado en el equipo Peugeot hasta ese mismo año en que me fichó Opel. Y con mi marcha, Jesús se encontró con todo un equipo oficial prácticamente para él solo. A esto había que sumar lo rápido que era y, sobre todo, las ganas que tenía. Me consta que Peugeot tenía muchas esperanzas depositadas en él y estoy seguro que juntos podían haber realizado una bonita temporada. En algún momento le comente que el equipo era bueno y lo que necesitaba era un piloto que les diera suficiente motivación. Jesús tenía calidad para proporcionársela. Nadie sabe exactamente qué ocurrió en Fornells. El caso es que por algún motivo, ese despiste, relajación o o como lo queramos llamar, se tradujo en un accidente. Un pequeño error de los que todos hemos podido cometer. El problema es que, en el caso de Jesús, el precio que pagó fue demasiado caro.


Antonio Boto (copiloto de rallyes clásicos): Conocí a Jesús allá por los años 80, en concreto en el año 85. Lo recuerdo como un muchacho muy jovial, simpático y, sobre todo, con una afición a los rallyes realmente desbordante. Por entonces, yo corría con Carlos Sainz y Jesús participaba en copas de promoción. A partir de entonces, empece a seguir sus evoluciones como piloto y apuntaba muy buenas maneras. Cuando te lo encontrabas entrenando y parabas, siempre preguntaba lo típico de: ”Oye Carlos, ¿qué tipo de neumáticos serán los idóneos para este tramo?”. En fin, los comentarios propios de un piloto que quiere dar lo mejor de si mismo. Me alegré mucho cuando Jesús fichó por el equipo oficial Peugeot, donde por fin podría plasmar lo gran piloto que era. Pero, tristemente, un injusto accidente truncó su carrera profesional de manera trágica, cuando se auguraban muchos triunfos y reconocimientos. Querido Jesús, te deseo lo mejor, allá donde estés.


Julián Piedrafita (expreparador de vehículos de competición): Conocí a Jesús en 1985, cuando vino a verme para que le preparara el Corsa con el que competís en la copa y luego seguimos trabajando juntos con el Peugeot 205 GTI con el que ganó el Desafío. Recuerdo, sobre todo, que era una bellísima persona y siempre me sorprendió su carácter y su personalidad. Era un tío supereducado, respetuoso, tranquilo, equilibrado... Realmente, ¡no parecía un piloto de carreras! Y en los rallyes era igual, muy cuidadoso con la mecánica, muy fino. Quería saberlo todo del coche, tenerlo todo en orden, era como muy ortodoxo. Fue realmente injusto que aquel accidente truncara su carrera deportiva, justo cuando había conseguido un volante oficial que se había ganado a pulso".



| Fuente: Action Press

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