La metamorfosis de Peugeot (y la puñalada trapera que le metieron a SIMCA)


Peugeot era una marca prácticamente desconocida en España. Algo similar a lo que significa tener ahora un Tata o un Isuzu. En los años cincuenta y sesenta su presencia en la Península era casi anecdótica, y quienes tenían un Peugeot solían ser personas que querían un coche diferente a los que cotidianamente solían verse por las calles, arriesgándose a un casi inexistente servicio técnico y de mantenimiento. De hecho, solían llevar sus coches a los talleres genéricos, o a las representaciones de Renault, SIMCA o incluso Citroen. No es casualidad por tanto que en los setenta Peugeot llegase a compartir mecánicas con Renault.

En Francia era diferente; Peugeot era realmente popular en Francia y, junto con Citroen y Renault, lideraba el mercado de automóviles francés. Tal es así que acabó comprándole a Michelin su marca de coches, es decir, Citroen.




En Francia Peugeot tenían un alto estatus, pero apenas salían de sus fronteras. Eran otros tiempos, claro, en donde las inversiones técnicas y mecánicas, y los requerimientos legales, facilitaban mucho las cosas, y no eran tan exigentes como en la actualidad.

Dentro de Europa Peugeot era, por tanto, una marca marginal, a la que se iban los desencantados con el resto de marcas, o los que buscaban un coche podríamos decir "exótico", distinto a los que se veían habitualmente por las calles, porque para el desembarco de las marcas asiáticas (Suzuki, Honda, Nissan e incluso Toyota) todavía tendrían que transcurrir bastantes años.


Pero a finales de los 70 las cosas cambiarían para Peugeot que, tras la adquisición de Citroen, había formado PSA y, con ello, pudo aprovechar la red de distribución de la marca del doble chevrón para hacerse presente en sus concesionarios y así, de paso, entrar en otros mercados donde su presencia había sido hasta entonces meramente testimonial, como el español.

En esos finales de los 70 Chrysler, como era tan habitual en el fabricante americano, entró en números rojos y decidió cerrar filas en los Estados Unidos para ahorrar recursos. De manera que el gigante norteamericano (hoy "malvendido" a la Fiat) tenía que salir de Europa como fuera, y deshacerse de todas sus marcas que habían marcado toda una época: la Rootes, SIMCA, Matra, Barreiros... Y le puso a Peugeot sobre la mesa una oferta que los galos no podían rechazar: le "daría" todo ello, todas sus marcas, filiales, fábricas, industrias, concesionarios, talleres... A cambio de -para cumplir la legalidad- un dólar. Solo un dólar.


Como es lógico, Peugeot firmó con los ojos cerrados. Y así, de la noche a la mañana, de un día para otro, de ser un fabricante marginal en Francia, pasó a ser uno de los más grandes de Europa, adquiriendo de paso por esa ínfima cantidad de dinero, marcas tan de renombre como la Talbot, SIMCA, o Matra.

La adquisición le hizo entrar en crisis a la propia PSA, porque arrastraba la deuda de Chrysler y, para intentar paliar sus consecuencias, decidió apostar por el mercado del Reino Unido, hasta entonces un mercado completamente desconocido para ellos.


Para hacer eso "gratis" o, al menos, sin que les costase financiación extra, decidieron coger una marca que ahora tenían y que era más famosa en Francia que ellos mismos, y que incluso vendían más modelos que Peugeot (SIMCA) y, de un plumazo, "borrarla del mapa" para quitarse enemigos en su propia casa. Cambiaron los emblemas de sus coches poniéndoles los de Talbot (una marca inglesa de coches de lujo, que en toda su historia jamás vendieron utilitarios, por cierto) y con ella intentaron seducir a los ingleses.

Por supuesto, la táctica no les funcionó, y los ingleses no se dejaron engañar. Tras unos pocos años en el mercado, en el que la "nueva" Talbot acumulaba pérdida tras pérdida, decidieron acabar también con ella y quedarse con los activos de Chrysler para potenciar su propia marca, es decir, Peugeot.


Gracias a ello Peugeot se fue abriendo hueco, ocupando el espacio que Chyrsler había dejado con SIMCA tras escaparse de Europa a la carrera. No sería hasta bien entrados los noventa cuando, oficialmente, se volvería a ver un Chrysler en Europa, aunque ya nunca con el éxito y la presencia que habían logrado antes con SIMCA.











| Redacción: RevistaCoche.blogspot.com

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