7 nov. 2014

Consejos de Arval para que el invierno no te sorprenda

Nunca está de mas recordar de nuevo cómo tenemos que conducir bajo condiciones climáticas invernales.


Después de un verano más largo de lo previsto, no podemos dejar que el invierno con sus frías temperaturas y copiosas lluvias nos sorprenda al volante. Aunque siempre hay que extremar la prudencia, preparar el coche y adaptar tu forma de conducir a las inclemencias propias de esta nueva estación puede evitarte más de un susto innecesario. Con los sencillos consejos que te ofrece Arval, ni el frío ni la lluvia te jugarán una mala pasada.

De la misma forma que nosotros utilizamos prendas específicas para protegernos del frío, no está de más que consideres "cambiar los zapatos" de tu coche por unos diseñados para el invierno. Este tipo de neumáticos mejoran la estabilidad y la seguridad porque aportan una mayor tracción y frenada con agua, nieve y especialmente con hielo. Como disponen de un dibujo diferente -con unas láminas en forma de garra-, se adhieren mejor a terrenos donde los neumáticos tradicionales patinan. Además, con el uso de este tipo de cubiertas, te ahorras tener que utilizar las engorrosas cadenas.



Arranque gradual y paulatino
Una vez vestidos de invierno, no es extraño que al acercarnos al coche nos encontremos con que la bajada de las temperaturas ha llenado de hielo los cristales del coche. En este caso, utiliza una rasqueta de plástico; puedes rociar el cristal con alcohol y al cabo de unos segundo retirar el hielo con el rascador, será más fácil; nunca uses agua caliente porque el vidrio podría reventar.

Si la carretera también está cubierta de hielo, ten cuidado al arrancar porque estamos ante una superficie deslizante. En estos casos, lo más importante es que vayas acelerando de forma gradual para mantener el control del coche en todo momento. Si a pesar de todo patinas, aumenta una marcha para disminuir la fuerza que se aplica a las ruedas y verás cómo el vehículo se pone en marcha limpiamente.

Adecua la velocidad a las condiciones de la carretera
Cuando ya estés en camino, concéntrate en la conducción y, sobre todo, modera la velocidad para evitar los frenazos bruscos. Si, por ejemplo, la lluvia te sorprende durante el trayecto enciende las luces y aumenta la distancia de seguridad. En caso de que el agua vaya acompañada de fuerte viento, sujeta bien el volante con las dos manos y mantén un régimen de revoluciones alto para que el coche tenga fuerza.

Si te ves obligado a conducir con niebla, lo más importante es adaptar la conducción a las condiciones de visibilidad. Aquí existe "la regla de las tres V" (visibilidad, velocidad, vehículo delantero) que puede darte una idea de cómo adecuar la velocidad: si tenemos una visibilidad de 50 metros circularemos a 50 kilómetros por hora dejando 50 metros de distancia con el coche que tenemos delante.

Con nieve, en cambio, lo principal es que uses marchas largas. Cuesta arriba y en llano, utiliza una marcha más larga de lo habitual; cuesta abajo, retén el coche con marchas cortas, utiliza el embrague suavemente y pisa el freno lo menos posible.

Evita las frenadas violentas
Cuidado al parar. Cuando se conduce en invierno y a bajas temperaturas es fundamental evitar las frenadas violentas, ya que estas activan el sistema de bloqueo automático de las ruedas (ABS) haciendo patinar el vehículo sobre el asfalto. En el caso de que tengas que frenar bruscamente y se te bloquearan las ruedas, lo más conveniente es soltar el pedal de freno y utilizar el freno del motor, dirigiendo con calma la trayectoria del coche.

| Fuente: Arval