27 ago. 2015

El día en que todo cambió sin que nos diéramos cuenta


En 1976 Peugeot tenía un coche que era un pequeño desastre. Fueron los responsables de la creación de los motores de tan mal recuerdo que compartían aceite del cárter para motor y caja de cambios, ensuciando ambos y a la larga destruyendo el motor. Incluso llegaron a "colárselo" a Renault, que lo montó en algunos de sus R14. Por aquel entonces SIMCA fabricaba su irrompible motor 315. No pasaron muchos años, y Peugeot acabaría adueñándose de SIMCA por el módico y testimonial precio de un dólar. ¿Por qué ocurrió aquello? Habría que remontarse unos cuantos años para descubrirlo.

Cuando la multinacional DuPont lanzó sus medias de nylon se dieron cuenta pronto que el producto era muy poco beneficioso para ellos. Ciertamente las clientas estaban muy contentas con ellas, sobre todo porque no se rompían y duraban años. Así que decidieron cambiar la fórmula para que las medias fuesen lo que son hoy en día: una prenda de corta vida.




Antes de la popularización de los tractores y la mecanización agrícola, los primeros tractores de vapor y gasolina tenían robustas ruedas de metal. Ruedas que extrañamente se deterioraban ni se desgastaban, y que para repararlas cualquier herrería podía hacerlo, o incluso las podía remachar uno mismo. Los fabricantes de neumáticos dijeron que esas ruedas no eran útiles ni seguras, y colaboraron activamente con la industria para que los próximos tractores que llegasen al mercado lo hicieran con neumáticos. Curiosamente, para la primera y segunda Guerra Mundial los tanques que necesitaban una firme sujección al suelo sustituían las ruedas por cadenas, e incluso hoy se siguen usando para las máquinas de obras públicas (principalmente bulldozers), por su elevada capacidad de tracción.

Pero con los neumáticos ocurre algo más disparatado aún: los primeros estaban formados por capas de goma de diferente estructura y grosor. Funcionaban, pero había un problema: no pinchaban, y por lo tanto no se sustituían.


De modo que los fabricantes comenzaron a ponerles cámaras de aire a todos, y a partir de ahí los beneficios de una industria pasaron a ser tan multimillonarios como lo son hoy día. Por otra parte, el neumático que nunca se pincha hace tiempo que está inventado, ¿alguien se cree que con la tecnología actual, esa solución, que ya era una realidad hace un siglo, no haya sido ya mucho más mejorada? Pero no conviene que tu coche, tu bici o tu tractor tengan neumáticos que no se pinchen.

Y si hablamos de relojería encontramos ejemplos a puñados. El gran descubrimiento para la industria fue la introducción del cromado. Las cajas de metal pasaron sucesivamente a ser cromadas, en los noventa se vivió una auténtica explosión de ello. Para qué ofrecer cajas macizas si podías acortar la vida del reloj produciendo una caja cromada. Quien quisiera un reloj para conservar porque le atrajera determinado modelo, tendría que comprarse dos. Y quien no, tarde o temprano se vería obligado a cambiarlo aunque no le apeteciera.


Esto ha crecido exponencialmente ahora con las baterías. Con los objetos diseñados por y para entretener, no por y para durar. No hablemos de recubrimientos de consolas, de aparatos electrónicos o electrodomésticos. Antiguamente podrías restaurar las piezas de acero inoxidable de una radio o una televisión. Ahora sus brillos pintados duran lo que dura ese objeto en el escaparate. Y me viene a la memoria el reloj Waveceptor de un amigo, lleno de pintura plateada de pintauñas porque la original ha ido saltando sin posibilidad de reparación alguna. No se le puede pulir ni se la puede restaurar, simplemente el reloj se ha quedado destrozado.

¿Piensan los fabricantes de productos de consumo en todo esto? Pues claro que piensan, porque esto tiene que ver e incide directamente con sus beneficios, y eso siempre lo tienen en cuenta incluso mucho antes de que el producto esté finalizado, en la fase de diseño.


Todos sabemos que los objetos envejecen y se desgastan, es algo lógico y normal que tiene que ver con la flecha del tiempo y la tendencia al caos de nuestra existencia. También nosotros y nuestro cuerpo. Pero no se entiende muy bien cómo un producto de los años treinta o cuarenta podía repararse y restaurarse, y durase tanto que incluso pasaba entre generaciones, y hoy en día sea imposible y no quede otra solución que el vertedero. Y así están los vertederos, saturados de elementos que funcionarían perfectamente durante muchos años mas, e incluso durante toda la vida de su propietario, pero los cuales al fabricante no le convenía que fuera así.

La escala a la que estamos llegando es tan dantesca que da auténtico pavor si nos paramos detenidamente a analizarlo. Y lo peor es que no tiene síntomas de que esto vaya a cambiar a corto plazo. Cada vez nos cuesta mas adquirir determinado producto porque cada vez tenemos menos dinero, pero, a la par, cada vez nos obligan a comprar productos más mediocres, que duran menos y con menos calidad, porque los duraderos cada vez son mas elitistas y exclusivos. De la misma forma, cada vez los fabricantes buscan fórmulas para hacernos más atractivos sus productos, más necesarios, más imprescindibles, pero mucho más limitados y caducos. Como contagiados por el mundo de la informática, al poco tiempo llega la versión "2.0" de lo que sea y el antiguo no te sirve, aunque siga funcionando, aunque se pueda reparar. Directamente no podrás ni siquiera actualizarlo. Y no hablemos ya de ponerle las piezas que se podrían sustituir con el desgaste diario, ¡cuantos usuarios hay de G-Shock antiguos sin alternativa a sus biseles o a sus correas!.


Hace años construí una bicicleta partiendo casi de cero. Era la época dorada del mountain bike, y le incorporé un conjunto Deore LX sin muchos contratiempos. Hoy en día hacer eso es un quebradero de cabeza y ni el mecánico mas avezado se atreve a echarle mano. Cada fabricante tiene sus propia tecnología de cadenas, platos y piñones de forma que muchas, incluso en la misma marca, son incompatibles entre sí. Más aún: la necesidad de herramientas especializadas ha crecido de manera exponencial desde aquellos lejanos años finales de los ochenta.

No os digo ya un cuadro para dar la vuelta a la Tierra, o capaz de llevarte al fin del mundo y volver, uno de aquellos ligeros pero robustos y comodísimos de chromoly. Ahora son todos de acero Hi-ten, aluminio o carbono, que como te pases un poco del par de apriete ya puedes irte a buscar otra bici a la tienda. Y ni mencionemos que te caigas con ella o impactes contra algo. Hace no mucho tiempo me puse en contacto con la filial Trek en España para conseguir el único cuadro chromoly que todavía fabrican, el único que hacen de toda su extensísima gama: el de la Trek 820. No me sorprendió demasiado cuando su representante me dijo que ya no traían ese cuadro a España y llevaban tiempo sin distribuirlo aquí. Ahora aquí solo puedes encontrar sus modelos de aluminio, y el cuadro de la 820 ha quedado relegado únicamente a América Latina (y tampoco les durará mucho allí).


Y ocurre con todo y en todo, da igual al campo al que vayas. Si un fabricante ha podido sobrevivir a estos tiempos del marketing, las mentiras y los engaños para robarnos el dinero (sí, he dicho robarnos) ha sido gracias a sus productos caducos y previamente obsoletos. Y de ahí que Peugeot, una marca pequeñita que hace no muchas décadas malvendía coches en Francia, haya acabado adueñándose de marcas de renombre y con productos enormemente más robustos. Y no fue el único ejemplo. Es sonado el caso de Nissan, retirando los primeros motores de sus Patrol al darse cuenta de que no rompían, o de Ford, lanzando en edición limitada en los años 60 un coche con carrocería inoxidable, con el que te ahorrabas la pintura y el mantenimiento. Y así está montada esta sociedad.




| Redacción: Revista Coche